Buenos Aires, 15 agosto (NA) — Las técnicas de reproducción asistida avanzaron de manera extraordinaria en las últimas décadas, entre ellas, la vitrificación de óvulos, la fertilización in vitro y los tratamientos para distintos cuadros de infertilidad ampliaron las posibilidades reproductivas de millones de personas en todo el mundo.

Sin embargo, mientras la medicina avanzó, persiste la pregunta incómoda acerca de ¿cuánto sabemos realmente sobre nuestra propia fertilidad? La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada seis personas experimentará infertilidad en algún momento de su vida y, al mismo tiempo, la maternidad se posterga cada vez más.

En Argentina, un informe del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral detectó un crecimiento sostenido de la maternidad en edades más avanzadas, mientras que un estudio de Voices señaló que el 77% de las argentinas considera favorable que una mujer tenga hijos después de los 40 años.

Entre los cambios culturales y las posibilidades que ofrece la medicina existe una realidad biológica que muchas veces permanece fuera de la conversación, indicó un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas.

“Muchas pacientes llegan a la consulta sin haber recibido nunca información sobre su reserva ovárica”, advierte Liliana Blanco, directora de Procrearte, quien dijo además que desde hace años una idea que hoy gana cada vez más espacio dentro de la medicina reproductiva es la necesidad de incorporar la fertilidad al conjunto de controles preventivos que forman parte de la salud femenina.

Así como las mujeres conocen la importancia de realizarse un Papanicolaou, una colposcopía o una ecografía mamaria, Blanco considera que también deberían tener acceso a información sobre su reserva ovárica.

“Así como nosotros anualmente pedimos un Papanicolaou, una ecografía mamaria o una ecografía ginecológica, pedir un análisis de sangre que se llama hormona antimulleriana nos va a decir cuál es el remanente de folículos y óvulos que quedan en nuestro ovario”, explicó.

LA HORMONA ANTIMULLERIANA

La hormona antimulleriana se transformó en uno de los indicadores más utilizados para evaluar la reserva ovárica. Según Blanco, se trata de un estudio sencillo que puede realizarse en cualquier momento del ciclo y que permite conocer si la cantidad de folículos disponibles para una futura gestación se encuentra dentro de los parámetros esperables o si comenzó a disminuir.

Detrás de esta recomendación existe una razón biológica contundente. La fertilidad femenina no permanece estable a lo largo de la vida. “Es importante saber que en las mujeres nuestro ovario se forma en la semana 20 de gestación, cuando estamos dentro del útero materno, con aproximadamente 10 millones de folículos y óvulos. Al momento de nacer quedan alrededor de 3 millones y cuando llegamos a la primera menstruación tenemos cerca de 400.000”, explicó Blanco. A partir de ese momento, la pérdida continúa de manera constante y no existe ningún mecanismo capaz de detenerla.

La especialista insiste en diferenciar dos conceptos que suelen confundirse: la edad cronológica y la edad biológica. “La edad cronológica de nuestras pacientes no siempre es la misma que la edad biológica”, señaló. En la práctica, esto significa que una mujer joven puede presentar una reserva ovárica disminuida, mientras que otra de mayor edad puede conservar mejores parámetros reproductivos de los esperados.

NO SOLO ES UNA CUESTIÓN DE EDAD

Por eso, el mensaje central ya no pasa únicamente por la edad. La información disponible permite medir, anticipar y tomar decisiones con mayor conocimiento y, según Blanco, conocer el estado de la reserva ovárica no obliga a ninguna mujer a iniciar un tratamiento y lo que hace es ofrecer herramientas para planificar.

La preservación de la fertilidad se convirtió justamente en una de las principales respuestas a esta necesidad. La vitrificación de óvulos permite conservar células reproductivas con una tasa de supervivencia superior al 90% y abre una alternativa para mujeres que desean postergar la maternidad por razones personales, profesionales o médicas.

“La hormona antimulleriana nos permite saber si la cantidad de folículos y óvulos en el ovario es normal o está disminuyendo. Ese conocimiento es vital para que las mujeres puedan tomar decisiones informadas sobre su futuro reproductivo”, sostuvo Blanco.

En tanto, Blanco advirtió sobre un fenómeno que contribuye a generar falsas expectativas. Se trata de la enorme visibilidad mediática que reciben algunos embarazos a edades muy avanzadas. “En el mundo y en la prensa amarilla hubo mujeres de 63 años que han tenido hijos”, señaló. El problema, según explicó, es que esos casos excepcionales suelen ocultar una realidad mucho más frecuente.

“A partir de los 40 años, el 70% de nuestros óvulos tienen alteraciones genéticas”, afirmó y esto incrementa significativamente el riesgo de pérdida gestacional y reduce las probabilidades de lograr un embarazo con óvulos propios. En paralelo, también aumentan las complicaciones obstétricas asociadas a la edad materna, como hipertensión, diabetes gestacional y prematurez.

Agencia NA

La Verdad Tucumana