El conjunto tucumano ganaba 2-0 con comodidad y controlaba las acciones, pero una marcada baja de rendimiento en el complemento le permitió reaccionar a Gimnasia de Jujuy para sellar un 2-2 final. En la última jugada de la noche, una polémica decisión arbitral privó a la visita de festejar la victoria.

En un compromiso marcado por los altibajos emocionales y tácticos, San Martín de Tucumán dejó escapar una oportunidad inmejorable para afirmarse en la recta final de la Primera Nacional. El equipo dirigido por Alejandro Orfila mostró dos facetas completamente opuestas en su visita a Gimnasia y Esgrima de Jujuy: un despliegue sólido e intensivo durante el primer tiempo y un retroceso preocupante en la segunda mitad que terminó costándole dos puntos de oro.

Desde el pitazo inicial, la propuesta del “Santo” fue clara y efectiva. San Martín entendió que para neutralizar las virtudes del conjunto jujeño debía presionar alto y mantener las líneas lejos de la valla defendida por Darío Sand. La sociedad conformada en la mitad de la cancha por Santiago Briñone y Gabriel Carabajal fue determinante para recuperar el balón con rapidez y distribuir con criterio hacia los metros finales.

La contundencia que en otros partidos le había resultado esquiva al elenco tucumano apareció esta vez de la mano de Mauro Verón. El delantero aprovechó al máximo los espacios concedidos por la defensa local y, con dos definiciones precisas, firmó un doblete que decretó la ventaja de 2-0 con la que ambos planteles se retiraron al descanso. Hasta ese momento, el resultado reflejaba con justicia el dominio futbolístico y la postura táctica de la visita.

Sin embargo, el libreto del partido cambió radicalmente en el complemento. Gimnasia de Jujuy adelantó sus líneas en busca del descuento, mientras que San Martín reduced la intensidad, perdió el control de la pelota y comenzó a replegarse de manera peligrosa cerca de su área. Los desaciertos en el retroceso defensivo y la falta de firmeza en las jugadas a balón parado volvieron a salir a la luz, repitiendo falencias exhibidas en presentaciones anteriores.

El descuento local llegó tras una desatención en la marca que le permitió a Abel Argañaraz superar la cobertura de Guillermo Rodríguez y definir ante la salida del arquero. El gol inyectó envión anímico al conjunto jujeño y llenó de dudas al planteo visitante. Pocos minutos después, una acción desafortunada en el área entre Ezequiel Parnisari y el ataque local derivó en la igualdad definitiva 2-2, dejando en evidencia las dificultades del equipo para cerrar los partidos.

En el tramo final, las modificaciones implementadas desde el banco no lograron reestructurar el funcionamiento del equipo. Las salidas de Briñone y Carabajal le restaron el equilibrio dinámico que había sostenido el juego en el primer tiempo, y los ingresos de Matías García y Nicolás Castro no consiguieron devolverle la fluidez necesaria para recuperar la iniciativa.

A pesar de las fallas propias en el manejo del trámite, San Martín sufrió un perjuicio directo sobre la hora. Diego Diellos logró convertir el gol que significaba el 3-2, pero la jugada fue invalidada por una posición adelantada inexistente sancionada por el asistente Bruno Cabrera. La repetición de la acción confirmó que el atacante se encontraba habilitado, privando al Santo de un triunfo legítimo sobre el cierre. Con cinco fechas por disputarse, el margen de error se reduce al mínimo y el equipo necesitará corregir sus desatenciones defensivas de cara a las definiciones del torneo.