
A dos décadas del femicidio de Paulina Lebbos, un crimen que conmocionó a la provincia y al país, los tribunales tucumanos continúan resolviendo las derivaciones legales de la compleja investigación original. En esta ocasión, la Sala Correccional correspondiente dictó la absolución del cabo de la Policía Vial, Ernesto Bernabé Fierro, quien había permanecido imputado por presunto falso testimonio agravado. La decisión judicial pone fin a una de las causas secundarias que surgieron durante el histórico debate oral de 2018.
La resolución fue emitida por la jueza Wendy Kassar, tras un proceso en el que la fiscala de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, tomó la determinación crucial de no sostener la acusación penal contra el uniformado. La representante del Ministerio Fiscal fundamentó su postura en la orfandad de material probatorio contundente que permitiera acreditar la comisión del delito. Según el análisis de la fiscalía, no se pudo demostrar que las contradicciones y omisiones detectadas en su momento hubieran respondido a una voluntad deliberada de falsear la verdad.
El caso de Fierro se remonta a la audiencia del 25 de septiembre de 2018, enmarcada en el juicio principal contra la cúpula policial tucumana de aquel entonces por encubrimiento agravado. En esa jornada, tras declarar por más de dos horas ante la Sala III del tribunal, el cabo se convirtió en el tercer testigo detenido en plena sala por orden de los jueces Dante Ibáñez y Rafael Macoritto. El tribunal consideró, en esa instancia, que el testigo había incurrido en un nivel inadmisible de evasivas, olvidos y contradicciones sobre su desempeño profesional.
El oficial Fierro había prestado servicio en el operativo de seguridad montado en la ruta 341 el domingo 12 de marzo de 2006, pocas horas después del hallazgo de los restos de Paulina Lebbos en la zona de Tapia. Su función específica se limitaba al control vehicular y al mantenimiento de un perímetro a quinientos metros de la escena principal. En sus declaraciones de 2018, afirmó haber realizado un “relevo” y no recordar detalles sobre la ubicación exacta de otros efectivos, los límites del perímetro ni el traslado del cuerpo. Ante la acusación, Fierro manifestó: “No vi nada de ese día. Yo estaba en el corte. Declaré lo que sé”.
En el reciente debate correccional, la defensa del policía argumentó con éxito que las supuestas contradicciones de 2018 respondían a la erosión natural de los recuerdos debido al transcurso de doce años desde los hechos originales. Al no haber evidencias de dolo penal, es decir, la intención manifiesta de mentir o desviar la investigación, la fiscalía desistió de la acusación. Consecuentemente, la jueza Kassar aplicó la doctrina que prohíbe una condena sin una acusación fiscal válida y procedió a la absolución.
Este desenlace judicial se suma a otros precedentes similares en los que testigos detenidos durante el juicio de 2018 han sido sobreseídos o absueltos años después, al diluirse las sospechas de encubrimiento. La resolución del caso Fierro representa un nuevo capítulo en la extensa nómina de legajos conexos que llegan a su fin, mientras el crimen principal sigue sin una verdad definitiva sobre sus autores materiales.






