En el marco de los festejos por el mes de la ciudad, la calle Muñecas fue escenario de un concierto a cielo abierto a cargo de la Orquesta Infantojuvenil de Música Popular Latinoamericana Rolando “Chivo” Valladares. La presentación, realizada frente a la clásica librería El Griego, marcó la conmemoración de los 18 años de trayectoria de esta formación musical dedicada a la revalorización del patrimonio sonoro regional.

A diferencia de las estructuras orquestales convencionales inspiradas en modelos académicos europeos, esta propuesta destaca por situar en el centro de su propuesta a los instrumentos autóctonos y populares de América Latina. Sikus, quenas, charangos, guitarras y la bandola venezolana constituyen la columna vertebral tímbrica del ensamble, configurando un programa pedagógico y artístico pionero en la región.

Actualmente, la agrupación cuenta con una plantilla estable de aproximadamente 50 integrantes, con edades que van desde los 7 hasta los 21 años. Desde sus inicios, más de un millar de niños, niñas y jóvenes han transitado por sus filas. El espacio promueve además la inclusión activa de personas con discapacidad, consolidando un entorno de contención social e integración comunitaria a través del aprendizaje musical.

Formación, acceso democrático al arte y desafíos de sostenibilidad

El proyecto sostiene entre sus pilares conceptuales la democratización del acceso a la cultura. Quienes dirigen el espacio señalan que la práctica artística debe ser un derecho al alcance de toda la sociedad, por lo que la inscripción para incorporarse a las filas de la orquesta permanece abierta durante todo el año, sin exigencia de conocimientos previos.

El impacto formativo de la iniciativa se refleja en las historias de sus propios miembros. Varios de los jóvenes que ingresaron en sus etapas iniciales continúan hoy su formación en el nivel superior, cursando carreras universitarias y terciarias vinculadas al profesorado de música e interpretación instrumental. Según relatan las familias de los participantes, la rutina de ensayos —que contempla jornadas específicas por familias de instrumentos y encuentros semanales de ensamble completo— fomenta hábitos de compromiso, trabajo en equipo y convivencia social.

La orquesta nació originalmente al amparo del programa nacional Andrés Chazarreta dentro del Centro de Trabajo Popular Mate Cocido, una organización barrial que acumula casi tres décadas de labor en el ámbito socio-comunitario. Tras la desarticulación del programa a nivel federal, el proyecto tucumano logró dar continuidad a sus actividades mediante el esfuerzo independiente y articulaciones puntuales con instituciones locales y legislativas.

Pese a su consolidación institucional, el sostenimiento económico de la orquesta plantea desafíos permanentes, en especial para afrontar los honorarios del cuerpo docente y la mantención del equipamiento. Desde la dirección del proyecto remarcan la importancia de contar con un respaldo estatal estructurado que fortalezca este tipo de iniciativas territoriales, orientadas no solo a la excelencia artística, sino fundamentalmente a la contención social y a la garantía del acceso libre a la cultura.