A más de una semana de la desaparición del montañista en el cerro Ñuñorco, el operativo de búsqueda ha entrado en una fase crítica con una significativa reestructuración logística y operativa. Tras ocho días de intensas labores en un terreno geográficamente hostil, los equipos de rescate han decidido establecer una base avanzada en la cumbre del macizo y sumar recursos aéreos, incluyendo un helicóptero y drones de alta tecnología, para cubrir zonas de difícil acceso y optimizar los tiempos de rastrillaje.

La principal dificultad que enfrentaban las patrullas hasta el momento radicaba en el tiempo de aproximación desde la base operativa en El Mollar hasta las zonas prioritarias de búsqueda en la altura. Este ascenso puede demandar hasta cinco horas por senderos complejos y empinados, lo que limitaba considerablemente el tiempo efectivo de trabajo en el lugar antes de emprender el descenso obligatorio. Con la instalación del campamento de avanzada en la cumbre, a unos 3300 metros sobre el nivel del mar, se busca revertir esta situación.

Esta nueva infraestructura, equipada con carpas, raciones, sistemas de comunicación y material especializado para rescate vertical y evacuaciones —como cuerdas, arneses y camillas—, permitirá que dotaciones de búsqueda y rescate permanezcan varios días en la montaña, trabajando de forma continua en sectores críticos que hasta ahora habían sido revisados parcialmente o eran inaccesibles. El grupo inicial en la cumbre está integrado por voluntarios expertos con equipamiento específico, y se prevé una rotación constante de efectivos para mantener la operatividad.

La estrategia de búsqueda actual se apoya de manera fundamental en datos tecnológicos. Un punto de referencia clave es la última señal emitida por el teléfono celular del montañista, detectada días después de su desaparición por una antena en la zona de Los Sarmientos. Si bien este registro no proporciona una ubicación precisa, ha servido para delimitar y reorientar las áreas de rastreo hacia sectores específicos del sureste y sur del cerro, en dirección a la Quebrada de los Sosa y la ruta provincial 307.

Bajo la premisa de que la búsqueda se mantiene con la hipótesis de rescate con vida, los especialistas consideran la posibilidad de que el montañista se encuentre aislado en alguna de las profundas quebradas, sin capacidad de movimiento pero en un entorno que podría ofrecer refugio natural y acceso a agua. Se cree que la niebla, que en la cumbre puede reducir la visibilidad a escasos metros, sumada a la baja batería del teléfono celular, podrían haber desorientado al montañista durante el descenso, provocando su extravío en senderos no delimitados.

El operativo despliega un rastrillaje coordinado que combina patrullas terrestres, canes adiestrados para búsqueda de personas y tecnología avanzada. Drones equipados con cámaras térmicas e infrarrojas sobrevuelan las áreas más escarpadas y de vegetación densa, mientras personal de la Policía, Gendarmería y montañistas voluntarios de distintas asociaciones recorren las quebradas y laderas señaladas como prioritarias. Los rescatistas enfatizan que si bien la tecnología es una herramienta valiosa, las condiciones del terreno y las limitaciones de autonomía y alcance requieren una ejecución precisa y complementaria con las labores en tierra.

En esta etapa, el helicóptero provincial se ha convertido en un recurso vital para el traslado rápido de personal y suministros al campamento de altura, reduciendo drásticamente los tiempos de ascenso y facilitando las tareas de búsqueda y eventuales evacuaciones. A pesar del tiempo transcurrido y las dificultades climáticas y geográficas, los equipos de rescate mantienen la determinación de continuar las labores con todos los recursos disponibles para dar con el paradero del montañista desaparecido.